En tiempos donde la velocidad exige protagonismo, los motoqueros juegan un papel fundamental para que el ritmo vertiginoso y constante de la ciudad, no se detenga. Hoy, como antiguos caballeros al galope, pilotean sus motos en un bosque de cemento. Para ellos, la fragilidad de la seguridad se hace presente cada día. La falta pecheras luminosas o seguros que los resguarden de un posible accidente, sumado a la inconsciencia de algunos que prefieren no usar un casco que los proteja, convierte a esta actividad en un riesgo latente que circula a diario las calles de Buenos Aires.
INFORME URBANO
EL SUEÑO DE LA MOTO... CUMPLIDO
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